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"El lobo estepario", Hermann Hesse


Hermann Hesse
Fuente: Archivo

1.ª  edición: Der Steppenwolf, Editorial S. Fischer Berlag, Berlín, 1927.

Ejemplar leído: Alianza Editorial, El libro de bolsillo 1981. Traducción de Manuel Manzanares. 234 páginas.


La vieja edición de bolsillo de la editorial Cátedra, de páginas amarillentas y letra pequeña, no me animaba demasiado a la lectura de este libro. O quizás relectura, porque es un libro que ha estado vagando desde mi adolescencia por las estanterías, después de sobrevivir a varias mudanzas. En la última reordenación lo coloqué junto a Demian y Lecturas para minutos, otras obras del autor. Siddhartha, que estoy seguro haber tenido, me ha desaparecido.


Que el libro esté publicado en 1927 me hace reflexionar. Cualquier alumno de Secundaria asocia esa fecha con la Generación del 27, un grupo de poetas entre los que están Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso, entre otros. Mientras ellos se reunían en Sevilla para conmemorar el tricentenario de la muerte de Góngora, Hermann Hesse publicaba este libro en Alemania.


Los recuerdos de la 1.ª Guerra Mundial, los horrores de la guerra, la premonición de un nuevo conflicto internacional, el desmoronamiento del orden burgués, están presentes a lo largo del libro. Harry Haller es un hombre arrasado que, tras haber confiado en su juventud en los ideales de la belleza y del saber, se encuentra al borde del suicidio. Tiene 48 años, una amante ocasional, unas rentas que le permiten sobrevivir, y un apartamento desordenado en un edificio respetable. El aparente orden externo de su vida oculta con dificultad una existencia abismal, desesperada, propia del lobo estepario que le consume. Harry es un inadaptado en medio de la expectante Europa de entreguerrras.


El libro está compuesto por las Anotaciones de Harry Haller en primera persona, interrumpidas por el Tractatus del lobo estepario que le entrega un hombre misterioso, un hombre relacionado con un Teatro mágico, cuyo cartel luminoso se desvanece en un vieja tapia. En el Tractatus Harry encuentra un minucioso análisis de su propia naturaleza, la del hombre solitario, independiente y trágico. También aparece ya la figura de los inmortales y la importancia del humorismo –la risa de los dioses– como única salida. Los referentes católicos de su educación –la culpa, el pecado, la salvación– están muy presentes en la novela y se entremezclan con las ideas anarquistas y pacifistas –tan propias de los espíritus elevados de la época– que también le embargan.  Harry parece despedirse definitivamente del ordenado mundo burgués tras una velada desastrosa en casa de un joven profesor, en la que la presencia de un retrato de Goethe hace saltar al lobo y destruye la aparente normalidad de la cita. Pero en ese momento aparece su ángel salvador, Armanda, quien le propone un pacto diabólico. A través de Armanda y de Pablo, un saxofonista, descubrirá el sentido de la vida para aquellos que se integran en la sociedad y se dejan llevar por los placeres mundanos: la música, el baile, la buena mesa y el sexo, encarnado en la joven María. Por fin, como un iniciado, al finalizar un baile de máscaras que se alarga hasta el amanecer, podrá entrar en ese Teatro mágico, sólo para locos, donde las posibilidades vitales se multiplican hasta el extremo y donde Harry comprenderá las múltiples caras de la personalidad. Desde la eternidad, los inmortales se ríen del patetismo de Harry: la imagen del lobo estepario que Harry ve en el espejo del teatro de la vida se desvanece con el vaho de las carcajadas de Mozart.


Es un libro intenso, agobiante en ocasiones. El mundo del Teatro mágico es angustioso, verdaderamente solo para locos. Una de las múltiples puertas de ese teatro, Montería para automóviles, refleja el sinsentido de la guerra y es un alegato contra la alienación del hombre. Otra de las puertas, Todas las muchachas son tuyas, ofrece a Harry la posibilidad de reconstruir todos sus fracasos sentimentales desde la adolescencia, de revivir un pasado con la experiencia de un hombre centenario. Es un teatro imposible tras asistir al cual, a pesar del conocimiento catártico que adquiere, Harry sigue decepcionando a los inmortales.


Muchas de las reflexiones que jalonan el libro siguen vigentes. Esto es lo que le aclara Armanda, una chica de mundo, a Harry, un idealista desnortado:

Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y a sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el juego de tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de sí lo otro, lo heroico y lo bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote.

En fin, quizás leyese este libro en mi temprana juventud, pero no entendería nada. Ya se sabe que el idealismo no se cura en cabeza ajena. Si esto es lo que opina el Mozart de Hermann Hesse de las emisiones radiofónicas de música clásica, una novedad de la época, ¿qué hubiera opinado de la inmersión tecnológica actual?:

Cuando está usted, Harry, escuchando la radio, oye y ve la lucha eterna entre la idea y el fenómeno, entre la eternidad y el tiempo, entre lo divino y lo humano. Precisamente, amigo, igual que la radio va arrojando a ciegas la música más magnífica del mundo durante diez minutos por los lugares más absurdos, por salones burgueses y por sotabancos, entre abonados que están charlando, comiendo, bostezando o durmiendo, así como despoja a esta música de su belleza sensual, la estropea, la embadurna y la desgarra, sin embargo, no puede matar por completo su espíritu; exactamente lo mismo actúa en la vida la llamada realidad.

D.S. Martin

1 comentario

1件のコメント


ゲスト
6月29日

Gracias, Martin. Una vez más reabriendo puertas a la memoria desmemoriada de la adolescencia.

Yo saboreé, disfruté y me estremecí con la lectura de este libro hace ya muchos, muchos años... Conocí a Hermann Hesse y lo seguí ya para siempre. No obstante tus reflexiones actualizadas en tu memoria, para mí este libro marcó la imagen de una vida obligada para la lucha por la supervivencia: un mundo duro, de estepa, donde ese lobo que todos somos sin desear ser nos acecha, con ojos amarillos, para devorarnos sin piedad, como a la pobre Caperucita Roja...

Lo siento: son mis recuerdos, aquellas reminiscencias de una adolescencia en ciernes.

Gracias por hacerme recordar que, entonces, también estaba viva (tan equivocada como ahora,…


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