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Eternidad


Roca eterna de Covaleda
Fotografía realizada por NeiRma

Ante la inmensidad de la naturaleza, la mirada del ser humano está indefensa, es casi insignificante. El cielo guarda entre sus brazos inmensos la ínfima irrealidad de la tierra. La historia es el recuerdo de un verde musgo en los ojos claros, serenos, del olvido. Nadie sabe la infinidad del conocimiento ni de sus secuelas, que hoy quedan inmortalizadas en las yescas de una eternidad natural; de una roca fuerte, magnífica sobre un suelo regado por millones de alfombras de vida.


Sin embargo, esa roca milenaria aún vive, aún es el reflejo de la juventud del presente y de los nacimientos futuros; aún es el camino de tantas piedras pequeñas y cantos del Duero; aún es el futuro pétreo de la mano de un niño que repara en ella, invisible entre el follaje, cuyos dedos no aciertan a tocarla entera, cuya mano, brazos y piernas son insignificantes para esa belleza de heredad del tiempo.


A pesar de la inmensidad de su pasado y de su futuro, en el presente aún quedan sonrisas de flores que quieren tumbarse sobre su espalda, su cuello y su cabeza; conscientes de que su peso es como el ala aleve del leve abanico; conscientes de que nunca compartirán el infinito del pensamiento con esa roca milenaria; pero también sabedoras de que aunque sea por un segundos, su deseo es disfrutar de la vida cerca de su pétrea y delicada presencia.


NeiRma

1 comentario

1 comentario


Invitado
17 jun

Una hermosa fotografía que ilustra un texto precioso.

Nos encogemos un poco ante la grandiosidad apabullante de la naturaleza, ante su poderío y olor de eternidad. Menos mal que esas pequeñas "sonrisas de flores" nos regalan la ilusión de un atisbo de pertenencia.

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