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Recuperar la memoria

Buscando una obra para publicar en Editorial Deméter, pequeño proyecto creado en 2022 en Valladolid, encontré un precioso poema narrativo de Rosario de Acuña, perfecto además para conmemorar el centenario de su muerte en 2023.


Debo reconocer que nunca había oído hablar de Rosario de Acuña hasta que en 2021 la conocí a través de otras autoras tan ilustres como Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Amalia Domingo Soler… De una de las más famosa escritoras del siglo XIX fui llegando a las otras, a las olvidadas y desaparecidas de los manuales de literatura, a las que por suerte se han ido recuperando en los últimos años, encontrándose cada vez más ediciones de sus obras, más estudios críticos y más lectores interesados en ellas.


Rosario de Acuña
Fuente: Archivo de la Editorial Deméter

Este fue mi primer contacto con Rosario de Acuña y Villanueva, pionera en muchos ámbitos: feminista, dramaturga, librepensadora, poeta, masona, montañera, primera oradora del Ateneo de Madrid… Una mujer excepcional que, al igual que les ha pasado a otros muchos (Macrino Fernández Riera, Elena Hernández Sandoica, Raquel Gutiérrez…) me ha conquistado. Y no sólo porque forme parte del catálogo de la editorial, sino porque su vida y obra es increíble. Una mujer que demostró que, pese a las adversidades de todo tipo, se puede salir adelante si eres consecuente y honesta con los ideales que defiendes. Admirada en vida por unos, insultada por otros, olvidada durante años tras su muerte. Por suerte, en las últimas décadas Rosario de Acuña está recuperando un espacio que nunca debió perder.


La niña Rosario se educó en casa, lejos de la educación formal que las jóvenes recibían en las escuelas de señoritas. Su padre y su abuelo fueron decisivos en la educación de la cría: Historia, Literatura, Biología… y viajes. Además del contacto con la naturaleza. Una formación muy diferente de la que solían recibir las niñas de buena familia en aquella época. Porque la familia de Rosario pertenecía a la alta sociedad. Unos afirmaban que a la nobleza, otros que sólo estaban bien relacionados y con una economía desahogada. Sea como fuere, Rosario llegó incluso a intercambiar correspondencia con la joven reina Isabel II, aunque años más tarde Acuña se declarase republicana.


Esta formación poco femenina la llevó a estrenar en 1876 una obra de teatro: Rienzi el tribuno, que triunfó desde la primera puesta en escena. Rosario tenía 26 años. Los críticos resaltaron su modo de escribir tan “masculino”. Les sorprendía que una jovencita dulce, de rizos dorados, escribiera como un hombre.


Meses después se casó con Rafael de La Iglesia, un joven militar que fue trasladado a Zaragoza. Aunque Rosario demostró, desde el primer momento, que no seguiría el camino de otras damas casadas de la época ya que viajaba sola y continuó escribiendo y publicando con su nombre. Asistió al estreno de su obra teatral en Valladolid sin marido ni padres, por ejemplo.


Rosario de Acuña
Portada de la obra "Morirse a tiempo" de Rosario de Acuña editada por la Editorial Deméter. Fuente: Archivo de la Editorial Deméter

Otro de sus éxitos fue Morirse a tiempo, un poema narrativo en el que no pocos críticos actuales han visto un paralelismo con su propia biografía. La joven María, protagonista de esta historia, es objeto de los comentarios maliciosos de gran parte de los invitados a su boda: la ven triste, rara y fría con el novio. Nadie entiende por qué. Dicen que, si se casa por voluntad con el novio libremente elegido, es de mala educación ese comportamiento. Sin embargo, los asistentes a la ceremonia también comentan que siempre fue extraña, que tenía arrebatos de lunática desde pequeña. A la desangelada boda le sigue el viaje de novios a Francia, tan de moda a finales del siglo XIX entre las clases pudientes. Un viaje en ese medio tan moderno como era el ferrocarril. Durante el trayecto, María observa el paisaje desde la ventana de su departamento e imagina un fantasma que vuela tras el tren por los campos de Castilla. Un espíritu que persigue a la joven esposa en su luna de miel. Un hombre que en nada se parece al esposo que dormita al lado de María en el vagón de tren.

En una elipsis fantástica, Rosario nos lleva a la casa del matrimonio, casi un año después. Nos encontramos con una María gravemente enferma, que agoniza en una sala de cortinajes de terciopelo rojo. Una joven bella y enferma tan del gusto de fin de siglo. El esposo, tras consultar con el médico de la familia, pide una segunda opinión a un doctor joven. Cuando este entra en la habitación, descubre a la hermosa moribunda. Ella lo reconoce. Es aquel fantasma que la perseguía en su viaje de novios, el primer amor de María. Ella le confiesa su amor, él se declara ignorante de aquellos sentimientos, pero ahora cae enamorado a la vista de la joven. Un beso y la muerte de María dan, casi, fin a esta narración.


Este poema lo publicó Rosario de Acuña en noviembre de 1879 en Zaragoza. No sabemos la tirada, pero conoció cuatro reimpresiones y, tanto en prensa como en cartas personales, los lectores felicitaban a la joven poeta por su facilidad versificadora y por la maestría de sus metáforas. Los que conocían más detalles de su vida, sus amigos más íntimos, vieron en este poema referencias a aspectos concretos de su biografía, lecturas más profundas que se nos escapan y que deberían ser estudiadas con atención.


Por esa época Rosario ya debía tener problemas en su matrimonio con Rafael de La Iglesia. Al parecer las infidelidades de él hicieron que Rosario se sintiera asqueada con la vida conyugal y que se planteara abandonar a su esposo y volver a Madrid con sus padres.


Morirse a tiempo muestra, además, el sentido del humor de la poeta, su laicismo y anticlericalismo y su espiritualidad. Aparecen referencias a la unión de las almas afines, a la histeria femenina y, gracias a las ilustraciones de Jen del Pozo, el lector podrá encontrar otras posibles lecturas. La edición ilustrada que publicamos en Editorial Deméter en 2023, conmemorando el centenario de la muerte de Rosario, ha sido nuestro homenaje a esta increíble mujer que murió en Gijón en 1923.


Rosario de Acuña
Fuente: Archivo de la Editorial Deméter

Podríamos hablar de cómo Rosario se separó definitivamente de su marido en 1881, de cómo se alejó de los círculos sociales de Madrid y viajó, con la única compañía de un criado, por la península. De cómo se afincó primero en Cantabria y luego en Asturias, de cómo dirigió su propia granja avícola con éxito pese a las envidias. De su adscripción a los librepensadores y de cómo comenzó a publicar artículos en defensa de los más desfavorecidos. De su relación con los espiritistas a través de periódicos como La Luz del Porvenir de Amalia Domingo Soler, aunque sin formar parte de la doctrina. De su relación con un hombre mucho más joven que ella y de cómo se exiliaron juntos a Portugal cuando Rosario se enfrentó a unos estudiantes, hombres, que habían acosado a unas jóvenes estudiantes en la Universidad de Barcelona…


Tratada de bruja por las vecinas de Gijón, murió en su casa de los acantilados de la ciudad asturiana y, aunque pidió que no se hiciese ninguna ceremonia a su muerte, fue acompañada por miles de personas hasta el cementerio. Allí la enterraron en el espacio destinado a los heterodoxos, o sea, a los que se habían alejado de la iglesia católica. Rosario lo dejó escrito en sus últimas voluntades: ninguna religión, ninguna secta. Y pidió que cuidasen de sus animales.


Esta es, a grandes pinceladas, Rosario de Acuña y Villanueva. Esta es la mujer que empecé a conocer en 2021 y que aún me sigue sorprendiendo con cada nuevo dato que leo sobre ella. Espero que os haya picado la curiosidad y que sirva este artículo de acicate para que descubráis su obra y su vida.


Editorial Deméter

(Instagram: @editorialdemeter)


2 comentarios

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Invitado
14 mar

Pues sí, un descubrimiento interesante: una vida que se intuye muy "romántica", acorde al tiempo histórico que recorre su propia biografía. Son muchas las mujeres que, gracias al boom del feminismo que impera en nuestra actualidad, están siendo reivindicadas ahora (sobre todo las que responden al perfil artístico -cultural), valoradas en la justa valía que su tiempo no permitió contemplar: vidas valientes y difíciles, rebeldes, antisistema, sufridoras doblemente por el momento pacato que les tocó vivir.

Que continúe la reivindicación y la puesta en valor de más mujeres que, mereciendo la gloria, pasaron inadvertidas, incluso vilipendiadas por la sociedad pacata en la que malvivieron sus biografías.

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Invitado
14 mar

Una figura interesante y, como muchas mujeres de esa época, totalmente olvidada, al menos por el canon oficial. Fueron las pioneras del feminismo en circunstancias mucho más difíciles que las actuales. Su laicismo y su heterodoxia tampoco han contribuido a la difusión de su obra. Hay que agradecer el esfuerzo de la editorial Deméter para recuperar la memoria de estas artistas.

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