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Soledad (XXXI)

¡Puta, puta!

Grita la calle, vociferan los balcones...

¡Puta, puta!

Las alcantarillas se estremecen porque no tienen voz.

¡Puta, puta!

Las farolas del puente adormecen por un momento la obligación de iluminar... Vamos, que hacen un mohín con el morro por ser molestadas a estas horas tan tardías...

Soledad ha abandonado súbitamente su rosario vespertino de cuentas de zanahorias, conejillos, perritos y gatitos que todas las noches religiosamente reza a eso de las 23:40 h, antes de que el nuevo día le venga a involucrar en otras tareas más ácidas.


¡Puta, puta, jódete ya y déjanos en paz!


Soledad, un poco sobrecogida, ha arremangado su delantal (su conejillo favorito, Kiko, bien próximo a su dedo pulgar) y se ha asomado ella también al balcón de sucasaviejadeviejobarrio, su balcón, eso sí, el más pequeño de toda la manzana.


¡Puta, puta, lárgate de aquí y no nos jodas  más!


Soledad no osa abrir del todo los visillos (la Soledad le enseñó a ser cauta, y la Edad, discreta).

Y ¿qué entrevé Soledad tras sus visillos levemente levantados y repletos de gominolas, de regalices, de caramelos de menta y de corazones de azúcar bordados en cadeneta?

¿Qué ve Soledad, qué?

Pues Soledad no ve nada especial. No entiende los gritos y los insultos de sus vecinos tan acorralados en su corrala, sin entender otros mundos más grandes, también redondos, como el coso de los toros (otro día reflexionará Soledad sobre la fiesta de los toros, sobre esa masacre inconmensurable que, sin embargo a mí, madre, porque tú me lo dijiste, me enseñó que el mundo consistía en una lucha, a priori desigual, entre dos voluntades complementarias e irresolubles, pero que eran ley de vida, resultas de llantos o de risas, flores que llueven sobre una diva que adora a un torero que, ahorita mismo, puede morir sobre el ruedo...: vivir o morir, he ahí la cuestión).

Pero sobre eso reflexionará Soledad otro día, cuando disponga de más tiempo y de menos incertidumbre...


Hoy está Soledad asomada al balcón observando, como todos los balcones, a una muchacha llorosa, con el rímel recorriéndole toda la cara como si fuese un payaso al que, a última hora, no le permitieron entrar en función...

(¿Es eso una puta, me pregunto yo entremí, arropada por el fiel aserso de mis conejillos...?)

Es verdad que la muchacha da tumbos, chilla, tiene el sujetador ya rayando la cintura, corre y corre y da vueltas vueltas y chilla, chilla...

¿Será una puta, madre, lo será, tú que todo lo sabes?

¿Y qué es ser puta, madre, yo que nada sé?

¿Y no será, madre, una muchacha solo un poco más triste que yo, que ha sido quizá abandonada por un amor que le prometió una montaña de azucarillos de azúcar con forma de corazón, y que nunca le dio? ¿Por eso llora, madre, y se desgañita? ¿Por eso, madre, está sobrepasada? ¿Por eso, madre, es puta? Pues yo también quiero ser puta, madre buena, madrasta mala, para chillar y chillar y nunca parar de chillar, para conocer las mieles del infierno y las agonías del cielo...

¿Me enseñarás tú, madre, a ser aunque solo sea un poquito puta?


Pues yo también soy puta, lo he decidido ya contra todo imperio o mandato ajeno, y le pienso regalar a mi colega puta de abajo que tanto chilla porque tanto necesita otro delantal repleto de animalitos (para ella ositos y lirones, que son también graciosillos, madre), que ella ya sabrá aderezarlos con sus lágrimas de rímel viejo para hacerlos suyos, para tener un rosario de lo que ella quiera para rezar todas todas las noches a quien ella quiera... (Y si eso es ser puta, madre, que venga Dios y lo diga.)


Sálvame, madre, de esta vida incomprensible, en la que todos juzgan porque nada sienten.... Llévame contigo, madre, a ese País de Nunca Jamás que tú ahora regentas y será algún día mi Heredad.

Fotografía editada por Neila Rodríguez

Ana Rosa M. Portillo

2 comentarios

2 Σχόλια


Πελάτης
22 Νοε 2022

Yo no sé muy bien si esa imagen acosadora, oscura y violenta hacia una puta es hoy por hoy siquiera creíble, con la que está cayendo con el tema de la mujer y los maltratos. Hace no muchos años, sí puedo imaginar así la escena, como aparece en el texto descrita, sin tanta hipérbole y con menos poesía.

No obstante, estamos ante un texto literario que, como tal, se puede permitir todas las licencias que le sirvan para lograr la belleza ansiada. Conseguido.

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Πελάτης
22 Νοε 2022

Un hermoso texto, radical, de sentimientos exacerbados, de una vida agrietada por las dudas. La imagen de la puta desorientada y loca en medio de la plaza bajo la mirada acusadora y el vocerío acosador de los vecinos es el reflejo dramático de la otra Soledad que la mira compasiva desde su paraíso de dulces y animalitos. Y siempre presente la figura salvadora de la madre, su única interlocutora, con quien espera reunirse Soledad en el último paraíso.

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