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Soledad (XXXIII)

Soledad desea hoy ser río para desembocar en algún mar (le da igual Atlántico, Pacífico, Mediterráneo, Índico, Rojo, Negro, verde o azul, eso a Soledad, madre, ahorita mismo le da igual). Jorge Manrique  se inventó una coplacopletera para homenajear a un padre idoido (río estrecho sin caudal, mas con muchos caudales, se deduce), sin remisión condenado al dulce sueño de amigos y extraños.

Y hete aquí que Soledad se contempla ahorita mismo en la Edad que encanece levemente la punta de sus trenzas que tanto tiempo le costó trenzar esta mañana, mientras el Sol parecía querer teñirlas de falsorrubiorrubiales, cuando ella siempre fue castañoscuroazabache, vaya usted a saber por qué tanto juego caprichosospechoso del Sol con el color de su pelo, cosa que para Soledad es pura (sospechosa) novedad.

En fin (Soledad le da cada vez menos importancia a tantas tonterías que ni entiende ni pretende ya entender, a estas alturas de no se sabe si aún considerable vida en el tiempocenicientosinfuturosin...).

Eso a Soledad ya  le importa un bledo, una micra de licra (que decía su madre cuando decía), el ojo de una aguja taponado por oxidación, el moco que se quedó pegado a la nariz por insubordinado, la caca que no terminó de ser expulsada por un culo, quizás, sin querer, definitivamente demasiadobastante estrecho.

No importa. No pasa nada.

Soledad hoy está por encima del bien y del mal, de sus sueños gastados e imposibles, de sus lunas cegadas antes de tiempo por un sol inmisericorde, oh sí, eternamente envidioso de otra felicidad posible adquirida sin su bendición de demiurgo enemigo.

Ah, el Sol, madre, qué malo es; qué poco entiende que no basta con iluminar la tierra de todos, con alimentar la función clorofílica de las dulces plantas verdes, con poner foco led a los pasos de los pesados y pesantes animales que pueblan la tierra, las sabanas, los bosques, las selvas, las serranías tímidas, madre, que configuran nuestra meseta (y que no tienen nada que ver, madre, con los dulcesamablespiolines que pueblan y decoran el delantal de mis entretelas y que tanto me costó bordar entre puntadita de seda y suspirito de miel).

Y dime, madre, ¿quién le dice al Sol que está irremediablente equivocado, que también hay nocheynieblayoscuridad? ¿Y quién le dice a la Edad que no se pavonee tanto, que sí, que importa, que nada ni nadie la puede detener, pero que, por favor, unpoquitodeporfavor para quien aún solo acaba de vislumbrar el mundo entre celajes de parto?

¿Puedo yo, madre, me dejas a mi decírselo? ¿Me dejas? ¿Ya no me quieres? ¿No me proteges ya? ¿No te importa mi destino? ¿Por qué no me respondes, madre? ¿Ya no me quieres? ¿Me has abandonado, madre, definitivamente a la voluntad de mi madrastra mala? ¿Me merezco yo, madre, tu silencio, tu hosquedad?

¡No me abandones, madre mía del alma, mi buena Hacedora! ¡No, por lo que más quierasquisistepodrasquerer, no, no, no por favor! ¿Qué podré hacer yo, si te vas, con tantos cucuruchos de corazones de azúcar almacenados tan primorosamente en mi exigua despensa, madre, para provocar tu breve lujuria y tu gran alegría, madre, si te vas, madre, si me abandonas irrevocablemente a los caprichos del Sol y de la Edad?

¿Qué haré con todos mis amores que te regalaba en forma de azúcar para gustarte más, para que me quisieras más, para que me salvaras de la dominación sin remedio de mis dos tan grandes enemigos?

¿Qué hago, madre, qué? ¿Se los regalo a los ratoncillosgrisesdenarizrosada que ya empiezan a asomar, golosos, sus bigotillos juguetones por debajo de mi delantal de animalitos domesticados? ¿Eso quieres, madre; es eso lo que quieres? Pues así sea: amén.

No lloraré, madre, pues no existe llanto, ni siquiera osó nunca existir, que pueda liberar las canas que acaban de teñir de luna los cabellos despeinados de mi alma.


Madre. Hoy es noche de pájaros y gatos sin luna. Los cuchillos se afilan entre garras ansiosas y picos derrotados. La noche es de los gatos y de una luna llena inmensa que no lució porque hay nubes y además le tocaba decreciente por imperativos cosmológicos. Pero yo ahora, madre, me acabo de asomar al balcón para echarme mi último cigarrillo, y me he encontrado atrapada en la inmensa mirada verde de un enorme gato blanco que me ha dejado paralizada, madre, no por miedo, mas por su hermosura... Yo no me he retirado en un rato, madre, esperando su regreso... No ha vuelto, madre (¿por qué, madre, si me tenía fascinada, si lo estaba necesitando tras tu silenciosa ausencia?) No sé, madre, pero la noche se ha teñido de maullidos estrangulados y de pájaros muriendo...

¿Significará esto algo, madre? ¿Podré yo evitar algún avatar siniestro? No lo sé, madre, pero creo que no.

Voy a echar otro cigarro, madre, a ver si vuelvo a ver a ese hermosogatograndeblancodeojosverdesapaciguadosquesinembargoamenazan, a ver si él me sabe decir algo, madre, ya que tú te posicionaste en el silencio.


(Acojona un poco el sonido de cuchillos de gatos y pájaros ahí fuera.)

Imagen editada por Neila Rodríguez

Ana Rosa M. Portillo

1 comentario

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Invité
09 déc. 2022

Podría decir 'mierda' o 'qué bonito' o qué tal os va' o 'qué absurdo todo' o 'qué solos estaremos todos pasafo mañana, quizás'. Sin embargo, un saludo os dedico a quienes me leáis (y a los que no también, qué importa). Feliz Navidad.

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