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Un homenaje a Peque, al Oliver y a la noche burgalesa

Primer fin de semana de abril, pero nublado por la tempestad del tiempo y de la sombra. Ayer nos dejó un símbolo de la cultura y de la noche burgalesas: El Peque, dueño y señor del Pub Oliver, lugar de ensueño, cafés y cubatas en el seno de La Llana de Afuera, que nació en los años 70 del siglo pasado.

Muchos hemos pasado por allí, hemos disfrutado de un ambiente único, de una extraña mezcla de personas de todas las edades y condición, dispuestas alrededor de una larga barra o que habían apostado por tomar el peligroso (aunque nunca trágico) ascenso a las mesas bajas del primer piso, por las escaleras del terror, pero que nadie nunca tuvo que sufrir: ni por exceso de alcohol ni de altura de tacón, afortunadamente.

Hoy dedicamos desde el Ateneo Burgalés este homenaje a Peque porque, además, tuvimos la suerte de celebrar algunas de nuestras tertulias culturales en el Oliver, entre las mesas y sillas perfectamente insertadas en el cubículo cuadrado de la esquina superior izquierda del local, que tan cerca se veía desde abajo, casi al alcance de la mano, pero tan lejos estaba en realidad: teníamos que recorrer los suntuosos y zigzagueantes pasos del tiempo, de la historia y de la tradición cultural que allí nacieron, crecieron y siempre recordaremos.

Desde el Ateneo Burgalés y sus ateneístas, un fuerte abrazo a Peque, al Oliver y a la cultura de nuestra ciudad.

Descansa en paz.

Neila M.ª Rodríguez



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